RASGOS FUNDAMENTALES DE UNA INNOVACIÓN EDUCATIVA.

 


RASGOS FUNDAMENTALES DE UNA INNOVACIÓN EDUCATIVA.

La innovación educativa es un proceso que implica un cambio en la enseñanza y se basa en cuatro elementos fundamentales: las personas, el conocimiento, los procesos y la tecnología. Para que las innovaciones en educación sean exitosas, es crucial considerar estos aspectos de manera conjunta. Permíteme profundizar en los rasgos fundamentales de la innovación educativa:
1. Ruptura con lo Tradicional: La innovación educativa implica una ruptura con los métodos y prácticas tradicionales. Busca superar las limitaciones habituales y explorar nuevas formas de enseñar y aprender.
2. Transformación de Rutinas Escolares: La innovación afecta las rutinas escolares, incluyendo la metodología de enseñanza, las relaciones interpersonales, la estructura escolar y la reorganización de procesos.
3. Impacto Individual e Institucional: Aunque la innovación incide a nivel individual (por ejemplo, en el aula), también tiene efectos importantes en el marco institucional. La colaboración entre docentes y la adaptación de políticas escolares son esenciales para su éxito.
4. Planificación Rigurosa: La innovación educativa requiere altos niveles de planificación. Es fundamental diseñar estrategias claras, establecer objetivos y evaluar los resultados.
En resumen, la innovación educativa es un camino hacia la mejora constante en los centros escolares. Al considerar estos rasgos fundamentales, podemos fomentar un ambiente educativo más dinámico y efectivo.

La innovación educativa se caracteriza por la introducción de nuevas ideas, métodos, tecnologías y enfoques en el ámbito educativo con el objetivo de mejorar la enseñanza y el aprendizaje. Algunos rasgos fundamentales de una innovación educativa son:
1. Creatividad: La innovación educativa implica la creatividad para pensar de manera diferente y desarrollar nuevas ideas y soluciones para los desafíos educativos.
2. Flexibilidad: Las innovaciones educativas deben ser flexibles y adaptables a las necesidades y contextos específicos de los estudiantes y educadores.
3. Colaboración: Promover la colaboración entre docentes, estudiantes, padres y la comunidad educativa es fundamental para el éxito de una innovación educativa.
4. Uso de tecnología: La integración de la tecnología en el aula y en los procesos educativos es un rasgo común de muchas innovaciones educativas, ya que puede mejorar la accesibilidad y efectividad del aprendizaje.
5. Enfoque en el aprendizaje activo: Las innovaciones educativas suelen promover un enfoque en el aprendizaje activo, donde los estudiantes participan activamente en su proceso de aprendizaje a través de actividades prácticas y colaborativas.
6. Evaluación continua: La evaluación continua y la retroalimentación son importantes en las innovaciones educativas para medir su impacto y realizar ajustes necesarios para mejorar su efectividad.

La innovación requiere de un tiempo y una planificación que permita asentar nuevas rutinas y sacarles el máximo partido. De igual modo, una innovación para “salir del paso” –por las exigencias de la Administración, o porque sea una cuestión de “moda educativa”- tampoco ha de ser la que caracterice este tipo de iniciativas, si así fuera, como ha ocurrido en infinidad de ocasiones es muy probable que no tenga éxito (Aubert et al. 2009). Dicho de otro modo, cuando la motivación de las innovaciones no surge de los propios docentes, sino que proviene exclusivamente de agentes externos –si bien es cierto que el auspicio de la Administración es necesario- es imprescindible llevar a cabo una serie de acciones para que estos hagan suyo el sentido del cambio (Pareja y Pedrosa, 2009). Así pues, coincidimos con Hargreaves (1995:49): “si al maestro no le gusta el cambio, no lo entiende, cree que no es práctico o no está de acuerdo con él, el cambio se implantará de forma incompetente, insincera o, acaso, no llegue a implantarse en absoluto”.

Algunos autores establecen las condiciones básicas para que el proceso innovador sea eficaz (Pérez, 2009; Zabalza, 2000). De este modo encontramos directrices las que siguen:

Es necesaria una combinación de componentes doctrinales, personales, organizativos y culturales por cuanto innovar depende de una iniciativa que mejore las cosas, unas personas que la impulse al igual que disponer de unas condiciones institucionales apropiadas. De este modo se requiere un liderazgo institucional, y distribuido, donde los agentes estén involucrados por igual.

• El carácter visionario que permite predecir acontecimientos y resultados siempre debe estar fundamentado en poseer saberes para paliar posibles problemas.

• La practicidad en las innovaciones es un requisito imprescindible, posibilidad efectiva de ser llevada a cabo e incorporación de componentes tangibles que tengan una aplicación debe regir el proceso.

• Nivel de formalización, aunque sea “light”: debe contar con un proyecto escrito donde se describa y pormenorice el previsible desarrollo de la misma. En este sentido unas fases de creación, orientación y difusión donde se recojan los pasos justificados y delimitados es también muy necesaria.

• La voluntad de cambio en las cosas, en las personas y en la propia institución. Las innovaciones no se culminan con el hecho de “hacer cosas distintas”, hay que llegar a “pensar de forma distinta” y modificar la conducta hacia la mejora.

• Innovaciones deben estar incorporadas en el currículum y reflejadas en el proyecto educativo del centro para que éste se enriquezca y así, formará parte de toda la escuela. Es decir, debe tenerse una amplitud de miras que afecte también al medio social del centro.

Al reflexionar sobre lo anterior observamos que la variable “tiempo” no se recoge en ninguno de los aspectos citados, y sin embargo, es ésta precisamente la que más controversia ha suscitado en la conceptualización de innovación educativa, y los procesos que ésta conlleva. Así, encontramos autores que la consideran más como un proceso aislado, o puntual, en el que se insertan contenidos novedosos, nuevas metodologías y tecnologías en las rutinas diarias del aula; en tanto que otros la conciben como un proceso continuo que origina una nueva cultura afectando a toda la comunidad educativa.

Esta última percepción considera toda innovación como un cambio procesual, no lineal, y con una serie de etapas retroactivas –normalmente- que pueden modificar algunas de las decisiones tomadas en fases previas. Se trata de un modelo cíclico de mejora formado por distintos subciclos. Murillo (2012) propone las siguientes fases o ciclos:


Objetivos subsidiarios, y consecuencias, de toda innovación educativa

Si bien la piedra angular de los procesos de innovación es mejorar la calidad de la educación (De la Orden, 2000), también es cierto que tiene otros objetivos subsidiarios que los procesos innovadores tienen aparejados. En este sentido, dichos procesos conllevan una serie de consecuencias, o réditos, que desembocan en el centro escolar y en sus estructuras. Junto con lo que nos proponen autores ya mencionados como Zabalza (2000) y Pérez (2009) podemos entender que los objetivos y consecuencias más relevantes de toda innovación serían:

Motivar al profesorado a adquirir un rol de investigador en su praxis promoviendo una formación profesional continua para que sus propuestas educativas respondan a las demandas de la escuela.

• Crear una cultura organizacional en donde se fomente las relaciones interpersonales entre todos los componentes que conforman la comunidad educativa.

Adaptar el currículum a las necesidades específicas del alumnado de una forma flexible, creativa y participativa tratando de originar un paraíso del aprendizaje.

• Dejar atrás las reticencias que, en ocasiones, existen entre las escuelas para construir redes de intercambio de experiencias y facultar de esta manera que se extienda su perímetro al medio social.

3. Factores que promueven y dificultan la innovación educativa

Aunque pudieran intuirse, falta en este marco donde estamos encuadrando el concepto de innovación, recoger aquellos factores que influyen en la implementación de sus procesos básicos. Para ello recogemos en la tabla 1 los que nos propone Carbonell (2001).

Recopilando lo expuesto, parece haber quedado claro que innovar para mejorar es un principio que debe estar presente en cualquier acción educativa. Investigar  cómo  se  plantean  y  funcionan  los cambios,  que  se  perciben  como  necesarios,  es  una  obligación  de  quienes trabajamos  en  la  Escuela.  Defender una escuela innovadora hoy es, como decíamos, oponerse   al   inmovilismo.   Una   escuela   innovadora   es   una organización que aprende puesto que aspira a la mejora progresiva de la enseñanza y, para ello, asume la responsabilidad de detectar, estudiar y afrontar con fundamento los problemas pedagógicos que se presentan en sus rutinas diarias.

Bibliografía.

José A. Pareja Fdez. de la Reguera. (2013). Rasgos fundamentales para que las innovaciones en educación sean exitosas: algunas experiencias que lo corroboran. Revista científica electrónica de Educación y Comunicación en la Sociedad del Conocimiento, 1-33.

Comentarios

Entradas populares de este blog

ESTRATEGIAS QUE CONSTRUYEN AMBIENTES DE APRENDIZAJE INNOVADORES

INNOVACION EDUCATIVA